Cada alumno es diferente. Por carácter. Por lengua materna. Por edad. Puede que ya conozca otras lenguas extranjeras, incluso parecidas al italiano, o quizá el italiano es la primera lengua que estudia. Hay quien busca hablar, otros entender, y otros sistematizar lo que ya. Por lo tanto, no puede existir un método que funcione igual de bien para todos. Nuestra solución es sencilla y al mismo tiempo única: construimos el idioma en función de cada alumno. Según sus exigencias, sus ritmos. ¿Cómo? Hablando, porque el italiano se aprende sólo hablando y en nuestros cursos se habla siempre; todos hablan. Somos sólo 5 alumnos, como en ninguna otra escuela. Cada uno dispone de todo el tiempo para hablar, equivocarse, comprender sus propios errores y tomar confianza con el idioma. Del diálogo continuo alumno-profesos nace el idioma.
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